Los
Peligros del Monocultivo y la Deforestación.
El monocultivo se
refiere a las plantaciones de gran extensión con el cultivo de una sola
especie, con los mismos patrones, resultando en una similitud genética,
utilizando los mismos métodos de cultivo para toda la plantación (control de
pestes, fertilización y alta estandarización
de la producción), lo que hace más eficiente la producción a gran escala.
Pero al no diversificar lo cultivado, puede haber una rápida dispersión
de enfermedades (cuando el cultivo es uniforme es más susceptible a patógenos).
Los insectos y animales que
antes se alimentaban de otras especies vegetales ahora desaparecen y por ende
también sus depredadores. Así, se propagan las plagas que afectan al
monocultivo, se rocían pesticidas para su control, se contamina el aire, la
tierra, el agua, suma y sigue, todo está conectado.
Por otra parte el daño a los suelos es
considerable, sobre todo si no hay rotación en el monocultivo. Se pierde
fertilidad, pues se empobrece la tierra al absorber la misma especie siempre
los mismos nutrientes. Entonces debemos enriquecerla artificialmente con
químicos y xenobióticos, proceso que requerirá ir en aumento a medida que la
tierra se empobrece más.
Generalmente seducidos por las promesas de
los países ricos, el monocultivo se ha ganado un lugar en el tercer mundo y en Latinoamérica
en particular, donde suelen primar visiones miopes que prometen un boom de
riquezas para hoy, pero de incalculables pérdidas para mañana. Paradigmático es
el caso de los monocultivos para los nefastos biocombustibles, donde los países
desarrollados comprometen la compra de toda la producción, movilizando la
agricultura hacia este tipo de prácticas de corto plazo, retorno dudoso pero
alto impacto ambiental asegurado.
Casos frecuentes de monocultivo se dan con
eucalipto, pino o insigne, en el caso de árboles, o grandes plantaciones de
cereal, soja, caña de azúcar, algodón etc.
La deforestación es la destrucción a gran
escala de los bosques por la acción humana. Millones de hectáreas se degradan o
destruyen anualmente. Éstas son taladas o quemadas, aproximadamente el
equivalente a la superficie de un campo de fútbol cada dos segundos. La deforestación
avanza a un ritmo de unas 17 millones de hectáreas al año – el equivalente a
una superficie que supera a la de Inglaterra, Gales e Irlanda del Norte juntas.
Estamos perdiendo los más frondosos bosques tropicales.
Hace 8.000 años habían una 6.000 millones de
hectáreas. Desde entonces se ha destruido más de la mitad de la cubierta
forestal de la Tierra. De la 3.000 millones de hectáreas que quedan en la
actualidad sólo el 40% son bosques primarios lo suficientemente grandes para
albergar la flora y la fauna originales sin soportar el peligro de la pérdida
de la biodiversidad. Tres países -Rusia, Canadá y Brasil- albergan el 70% de la
superficie de este tipo de bosques.
Los bosques desempeñan un papel clave en el
almacenamiento del carbono, pues son los pulmones de la Tierra. Cuando se
destruyen, el exceso de dióxido de carbono en la atmósfera contribuye al
calentamiento global de la Tierra, y esto comporta multitud de efectos
secundarios problemáticos.
Varias pueden ser las causas de la
destrucción de bosques primarios. Entre ellas se encuentran la explotación
forestal industrial, la minería, la transformación de los bosques en terrenos
agrícolas, los incendios, las inundaciones, la urbanización y la construcción
de infraestructuras.
En las regiones templadas la agricultura se
ha basado en la eliminación de los bosques aprovechando la fertilidad de sus
suelos. Pero los procesos de deforestación son, por lo general, más
destructivos en los trópicos. La mayor parte de los suelos forestales
tropicales son mucho menos fértiles que los de las regiones templadas y
resultan fácilmente erosionables al proceso de lixiviación, causado por la
elevada pluviosidad que impide la acumulación de nutrientes en el suelo. No
obstante, las políticas coloniales se basaban en el supuesto, equivocado, de
que un bosque exuberante significaba suelos fértiles. Con ellas se pretende
conquistar los bosques, sobre todo para destinarlos a los cultivos comerciales
y a la agricultura, y se deja un legado de suelos exhaustos.
La deforestación tropical aumentó rápidamente
a partir de 1.950, con la ayuda de maquinaria pesada. Desde entonces, el
crecimiento de las poblaciones humanas ha llevado también a la destrucción de
zonas forestales por la vía más difícil, a mano. Las tasas anuales de
deforestación en 52 países tropicales prácticamente se duplicaron los últimos
años del siglo pasado.
También está habiendo deforestación y
degradación en zonas áridas y de montaña que poseen ya una cubierta forestal
limitada y son entornos frágiles, expuestos a la erosión de los suelos y otras
formas de degradación, y donde las comunidades pobres dependen mucho de los
bosques para su alimentación, sus combustibles y sus ingresos. Los bosques
higrofíticos tropicales y los bosques tropicales húmedos, que tienen
importancia económica y social local y significación mundial para la
conservación de la diversidad biológica y la regularización del clima, están
también experimentando una rápida destrucción. Entre las principales causas de
la degradación forestal en estos países destacan el excesivo acopio de leña, el
sobrepastoreo, los incendios y las malas prácticas y abuso en el
aprovechamiento de la madera.
Los problemas que resultan más
preocupantes en los países desarrollados son otros. Las principales amenazas de
los bosques son, en este caso, los incendios, las plagas y enfermedades y la
contaminación atmosférica. El empeoramiento de la situación de los bosques
debería ser objeto de grave preocupación en Europa y América del Norte.
Fuentes:
Alerta sobre los riesgos del monocultivo(http://prensa.argentina.ar/2013/04/26/40216-inta-alerta-sobre-los-riesgos-del-monocultivo.php).
Publicado por: Velasco López Zahori.



Manejaste muy bien la información, el vídeo y las imagenes
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